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LA EDUCACIÓN DE HOY URGE DE EXIGENCIA CON AMOR

Por Crsitobal Trujillo Ramírez
Rector Instituto Universitario de Caldas
Manizales (Colombia)

Jóvenes: la escuela para nosotros es un escenario de triunfos, la escuela es un laboratorio para construir el éxito. ¡Yo mismo soy un milagro de la escuela!... Es frecuente escuchar las reflexiones de personas exitosas, que se preguntan ¿qué hubiese sido de mi vida sin la educación? Si aquellos que nacieron en cunas doradas tienen en la educación la posibilidad de perpetuar sus beneficios, nosotros, los que nacimos en humildes lechos tenemos en la escuela la única posibilidad de hacer de nuestra vida un proyecto exitoso; tener educación no es condición suficiente para llegar al éxito, pero no tenerla, sí es estar demasiado lejos y hacerlo inalcanzable.


Yo invito a todos los estudiantes a declararse en contra de la mediocridad y de la permisividad; estamos ante un sistema educativo permeado por bajísimos niveles de exigencia, ante unas instituciones educativas que se la han jugado por la línea del menor esfuerzo para evitarse dificultades, ante familias que tampoco implementan la autoridad y la exigencia como fundamentos de sus relaciones; pero además, los profesores que éticamente le apuestan a la exigencia, a la disciplina, al orden y al rigor académico son señalados de crueles e inhumanos; necesitamos estudiantes que acepten la exigencia, que exijan el rigor académico,  que le apuesten al orden y a la disciplina; estudiantes convencidos de que el único camino, la única ruta hacia la excelencia es la exigencia, no hay otra vía, la contemplación, la permisividad y el menor esfuerzo son rutas de la autopista del fracaso; la exigencia entonces, debe convertirse en una condición de vida; cuando uno se vuelve exigente con uno mismo, no le incomoda la exigencia de los demás; quien me exige me ama; la exigencia debe convertirse en una manifestación de amor y de verdad, por eso les digo: exigencia con amor, con respeto a la condición humana, con total subjeción a los cánones de la dignidad humana, acariciemos sus corazones, pero comprometamos sus cerebros e inteligencias.

Tomado del Periódico La Patria.

ENSEÑANZAS DE UN MAESTRO

Oscar Andrés Alzate Mejía
Docente de Morfofisiología
Universidad Autónoma ee Manizales

En el año 2014 en la ciudad de Armenia, en el X congreso colombiano de Morfología, me encontraba dispuesto a escuchar una de las conferencias inaugurales. Empezó con el Médico Patólogo Jaime Arturo Mejía. Quedé fascinado por su conferencia, tanto así que días después decidí escribirle el siguiente correo:

"Estimado doctor reciba un cálido saludo desde Manizales:

Le escribo con bastante admiración después de escucharlo en el pasado congreso de Morfología. Fue muy interesante entender sus conocimientos en las conferencias que nos orientó, pero lo que más me atrajo fue su forma de ver la educación médica. Me gustaría conocer más sobre esas ideas, quizá si tiene algunos escritos que haya hecho o algunas conferencias que pudiera compartirme, pues estoy convencido que la educación de los futuros profesionales de la salud debe generar grandes cambios.

Gracias por compartir su visión y conocimiento. Hasta pronto"

Días después y de la manera más atenta, el maestro respondió. Este entonces es el centro de esta publicación, espero sirva de reflexión, pues a mi me sigue orientando a la hora de mi quehacer docente: 

"Hola Dr. Alzate, gracias por su deferencia. 


Mi experiencia docente es limitada, fui profesor de patología en Univalle solo por unos meses antes de partir hacía los EEUU hace años, mis padres, abuelos y tíos han sido profesores, quizás por eso me ha atraído igual que usted el noble arte de enseñar. 


En resumen, no soy un experto en el tema. Quizás tenga algunas opiniones, imperfectas. Por ejemplo, trato que mis presentaciones sean más ilustrativas que explicativas. Primero armo una estructura teórica basado en no más de tres objetivos de aprendizaje y luego pienso en las imágenes que mejor ilustrarían los detalles. Por ahí en la tercera o cuarta revisión le agrego experiencias personales o de la vida diaria o de las noticias, trato de apelar a la "persona" y conducirlo a ver lo que yo veo, es decir, por qué es importante. 

Aprendí de los predicadores protestantes y de los rabinos la homilética basada en tres principios de la oratoria de los griegos: pathos, ethos y logos:
  • El logos es la armazón teórico académica, los detalles, sobre todo como una cosa se relaciona con otra. 
  • El ethos, es el aspecto ético, es decir, el beneficio, el deber ser, lo bueno, la validación, la relevancia, la importancia. 
  • Por último, el pathos, el aspecto emocional, personal, el día a día, la noticia, la anécdota, las cosas de la vida. Siempre trato de apelar a esa parte humana y humanística, en mi propio estilo. 

Otro aspecto que puedo comentarle y que veo que nuestras facultades de estudio carecen es falta de sentido de "mentorazgo". Cuando viví en los EEUU ví que muchos docentes tienen su círculo de pupilos, no porque ellos los escojan sino que hay una dinámica de comunicación que permite que eso se dé. Tuve más mentorazgo en los EEUU que acá en Colombia, es triste pero así fue. Aún así, hay un profesor que cuando me ve me dice "mi alumno predilecto" y eso siempre me ha emocionado mucho, me ha motivado a ser mejor. 

Un grupo de muchachos se acercó a preguntarme algunas cosas, me gustó mucho, ustedes los docentes tienen el mejor regalo del mundo. Unos me contaron sus inquietudes, sus inicios en investigación, digámoslo así, sus sueños, y ahí está la conexión. Les ofrecí mi correo, mi número de celular, etc. Creo que eso hace falta. A uno de ellos lo encontré en el lobby y estaba entre un grupo de amigas y lo llamé por su nombre "Santiago, vení" y le ví en la cara la satisfacción, me presentó a sus compañeras, ese acercamiento hace falta, creo. 

Por último, una anécdota. Tuve dos profesores de patología, uno era recio, tirante y exquisítamente memorista, el otro fue Ives Chatain, cirujano francés, nos decía cosas como "qué guantes tan misegablesss", o "si nos sabes eso vas a tegminag matando un paciente", cuando se acercaba a las mesas de cadáver, respondía nuestras preguntas con comparaciones, con anécdotas, con su experiencia, con clínica. Los dos eran necesarios. Tuve dos libros de anatomía, uno rígido, detallado, gráfico, otro lo encontré en la biblioteca, un libro verde, redactado en forma coloquial, y usaba para la anatomía superficial fotos de, me perdona la expresión, viejas en pelota!!!!! usted se imagina el impacto de este libro en un adolescente estudiante de medicina? mis compañeros trataban de reservarlo, pero yo me les adelantaba, llegaba a la Biblioteca antes de que abrieran, madrugaba. 

Quiere que le diga cómo me fue en anatomía? No es necesario, no cierto profe? 

Gracias por esta oportunidad de sacar estas ideas de adentro y compartirlas con usted. Le deseo éxitos. Siempre a la orden"

Gracias Maestro.

FIN DE LA VIDA, PROCESO NATURAL Y TRASCENDENCIA DEL SER

Por Adriana Marcela Duque Llano
Psicológa
Especialista en psicología de los cuidados paliativos

Desde la filosofía y la antropología podemos encontrar distintos enfoques para interpretar el proceso de la muerte, siendo el más acertado en nuestra cultura occidental la visión de la muerte como un “mal”, limitando al ser humano en su desarrollo y socialización con los otros, frustrando planes y proyectos, tanto de la persona que muere como de los seres cercanos a esta. Es importante dentro de cualquier intervención con pacientes en nuestro medio partir desde esta visión pues en su mayoría las personas de nuestra cultura tendemos a temer a la muerte y especialmente a procesos de enfermedad por el sufrimiento que esto genera en nosotros y nuestros seres queridos.

Partiendo de este punto y teniendo este conocimiento, sin “encerrarnos” en él ni generar prejuicios y generalizaciones al respecto, debemos entrar en el contacto íntimo con el otro, con el ser humano que se encuentra viviendo estas experiencias cercanas al fin de la vida y a sus familiares, pues el comprender esta etapa de la vida no parte de nuestro conocimiento al respecto, a pesar de este ser importante, si no de la experiencia con el otro y de sus propias creencias y su propia filosofía. Se requiere de una empatía y una comprensión del otro para lograr comprender su filosofía personal y comenzar a crear una visión que le aporte a todos (paciente, familia, terapeuta, equipo de salud, sociedad…) unos mayores alivios del sufrimiento y un aumento del bienestar, dentro de sus posibilidades.

Para este proceso de acompañamiento, de manera personal y dentro de mis experiencias profesionales, prefiero centrarme en un enfoque humanista-fenomenológico, el cual manifiesta que se encuentra la verdad a través del observar la experiencia tal cual es, renunciando a los conocimientos o prejuicios. “En el corazón de la fenomenología se halla el convencimiento de que en la experiencia pueden encontrarse verdades necesarias”.

Esta visión o enfoque apoya el aparte que encontramos en el texto de Moreno Saavedra, en el cual menciona que “ante las situaciones límite la única actitud que cabe tiene que ser absolutamente distinta de la científico – técnica”. Comenta el autor en este mismo texto que la “contemplación” llega a ser la invitación para atravesar los momentos límite y trascender, ya que la dominación no aplica en esos momentos de la existencia. Pensamiento con el que me identifico plenamente, teniendo en cuenta la experiencia en esos momentos del final de la vida a los que me he enfrentado con pacientes en el día a día de mi trabajo profesional.

A partir de esto centro mi trabajo en invitar primero a nosotros como terapeutas y luego a los pacientes y familias a trabajar desde técnicas de contemplación y meditación promoviendo la observación, la renuncia al control y el vivir el “aquí y el ahora” que nos permite darnos cuenta de lo que sucede en el momento y nos apoya a generar actitudes y conductas más enfocadas al solucionar los asuntos que restan nuestra tranquilidad, lo que nos generan sufrimiento, y a aumentar situaciones o conductas que nos generan gozo y bienestar. Sin embargo, esto solo se logra al tener autoconciencia, la cual yo como terapeuta debo desarrollar y apoyar al otro a desarrollarla, enseñándole y mostrándole ese camino de la contemplación y la meditación.

Además de generar estas actitudes, también se logra conectar con procesos de trascendencia, en el cual respetando las creencias de cada una de las personas con las que trabajemos en este camino, se puede lograr encontrar un significado del ser, más allá del propio cuerpo. Agradeciendo y honrando lo vivido, puede lograrse un camino de trascendencia del ser.

Por esto es que los procesos de la vida y la muerte son personales y no generalizados, pues es la empatía con ese otro ser humano lo que me permite comprender y apoyarlo en su proceso. 

Además de lograr esta conciencia y fomentar la presencialidad, aún en estos momentos difíciles y trascendentales en el ser humano, se hace vital reforzar una actitud hacia la muerte de naturalidad, como lo hacían anteriormente nuestros ancestros, donde la muerte no es el “enemigo” del ser, sino un proceso dentro del ciclo de la naturaleza, una “reintegración en el ciclo natural tras el privilegio de la existencia”. La muerte como algo “adecuado al estado natural del hombre”, tratando de disminuir la visión actual, especialmente en occidente, que percibe la muerte como algo ajeno al ciclo vital, como “transgresión o ruptura” y como algo irracional, alimentando cada vez más la negación hacia esta. 

Considero que hay que hablar de muerte, educar en la muerte, aceptarla y hacerla parte de nuestras vidas como algo natural de nuestra condición de seres vivientes y generar por encima de los miedos hacia esta, un proyecto de vida que nos permita la inmortalidad en la tierra y en quienes nos conocen, a través de una vida con sentido, con propósito e impacto y así tener certeza que más allá del cuerpo puede existir la trascendencia.

REFERENCIAS:
  • Moreno Saavedra, Eduardo. (Sin Fecha). Una aproximación al significado de la muerte humana. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana. Universidad Santo Tomás C.E.D.
  • Sánchez, Sergio & Granados, Migallón. (2014). Fenomenología. en Fernández Labastida, Francisco – Mercado, Juan Andrés (editores), Philosophica: Enciclopedia filosófica on line, URL:
  • http://www.philosophica.info/archivo/2014/voces/fenomenologia/Fenomenologia.html
  • Vargas, Luis. (2001). Aproximaciones a la muerte en occidente. Centro Cultural de la Universidad del Tolima.

LA LECCIÓN DEL JUEGO

Tomado del libro lecciones de vida de Elisabeth Kübler-Ross.

En el lecho de muerte resulta evidente que los momentos que más cuentan al final de la vida son los que compartimos en el tiempo libre, en el tiempo de diversión y juego. Dirán: «¿Recuerdas cuando paseábamos en bici por el campo?». La queja más habitual de los moribundos cuando contemplan su vida en retrospectiva es «Ojalá no me hubiese tomado la vida tan en serio».

Las personas recuerdan sus éxitos profesionales y otros logros con sensación de orgullo pero, se dan cuenta de que la vida era mucho más que todo eso. Estamos aquí para gozar y jugar...

Nos hemos olvidado de jugar. Ya no sabemos jugar. Incluso hemos olvidado la sensación del juego.Tenemos que recordar que jugar es hacer aquellas cosas que nos proporcionan placer, porque sí nada más. El juego es una experiencia de diversión que trasciende todos los límites.

El juego es nuestro gozo interior, expresado externamente. Puede consistir en reírse, cantar, bailar, nadar, pasear, saltar, correr, mkntar bici, jugar cualquier juego u otra cosa que nos resulte divertido realizar. Jugar confiere mayor sentido y deleite a todos los aspectos de la vida. El juego añade equilibrio a nuestra vida y mejora nuestro estado mental.

Tómate un poco de tiempo para ti. Tiempo de calidad, un tiempo que sólo sea para nosotros. Un tiempo que nos concedamos para nuestra felicidad. Por último, recuerda que no podemos evitar el envejecimiento externo; pero, si seguimos jugando, seguiremos siendo jóvenes por dentro.

ORACIÓN AL CADÁVER DESCONOCIDO


Karl Von Rokitansky 
Patólogo austriaco 

"Al cortar con la rígida hoja de tu bisturí sobre el cadáver desconocido, te debes acordar que este cuerpo nacido del amor de dos almas, creció embalado por la fe y por la esperanza incluida en el seno de su familia. 

Sonrió y soñó los mismos sueños de niños y jóvenes, pero seguro amó y fue amado; descansó y vió mañanas felices, y sintió nostalgias por los que se fueron. 

Ahora mientras esta en la fría plancha negra, sin que por él se hubiera derramado al menos una lágrima, sin que tuviera un solo rezo. Su nombre, solamente Dios sabe, pero el destino inexorable le dio el poder y la grandeza de servir a la humanidad, humanidad que por él pasó indiferente”.

NO ES PROFESIONALIZACIÓN, ES FALTA DE HUMANIZACIÓN DE LA MEDICINA

Por Oscar Andrés Alzate Mejía
Docente Morfofisiología
UAM - UC

Invertí años como estudiante de medicina para graduarme como paciente. Soy uno con una experiencia fuerte de 13 años. Quiero escribir un sentir, no sé si podré manifestarlo, sólo intentaré escribir lo que sentí:

Durante estos días que estuve un poco enfermo, visité el servicio de urgencias de cualquier EPS de esta ciudad. Un servicio indigno donde con desespero y dolor te debes sentar en el suelo para esperar un turno en medio de una sala atiborrada de personas, infecciones, olores y sustancias de enfermedad; parecería que hubiese estado mendigando atención y, aún así, no tendría que pasar por tal experiencia.

Después de ser atendido, al pasar a la sala de observación me encontré con otro triste dolor que no era precisamente el que sentía. En aquel sitio todas las camillas estaban ocupadas, algunas personas tuvimos que sentarnos en sillas de ruedas o en algunas otras sillas incomodas, yo me sentía bien comparado con pacientes que si necesitaban reposar. Algunos lloraban de dolor, no se les podía aplicar medicamentos porque posiblemente enmascaraba su dolor y su diagnostico, pero acaso les explicaban ésto. En medio de todo escuché varias quejas que decían: "no hay compasión", "tenemos que estar muriendo para que nos atiendan" y, la que me hizo pensar más "falta profesionalización de la medicina" 

Entonces empece a reflexionar en medio de mi convalecencia, creo que no falta profesionalización, a los profesionales de la salud nos formaron fuertemente durante varios años y nos seguimos formando. No es profesionalización es falta de humanización de la medicina. Por favor, futuros profesionales de la salud, les exhorto a que sean ante todo humanos. Es tan simple saludar, explicar a los pacientes en términos sencillos, ser amables, tener empatía (ponerse en el lugar del otro). Se que los culpables serán el cansancio, la rutina, el sistema, el paciente, pero es que ellos son personas, son como ustedes y necesitarán atención.

No todo es malo, por fortuna encontré buenos amigos y compañeros médicos que me atendieron muy bien, enfermeras maravillosas que conocían mis diagnosticos y me acompañaron con gusto. Pero... ¿y si no hubiera encontrado a mis amigos?

Viviendo este panorama da terror enfermarse, no solo se debe batallar contra la enfermedad sino con un sistema de salud patológico. Por fortuna aquí estoy, me recupero satisfactoriamente y agradezco que no corrí la suerte de aquella pequeña que hace unos días falleció en la capital esperando una atención, esperando un servicio.

LO QUE EL CORAZÓN QUIERE, LA MENTE SE LO MUESTRA

Esta es una entrevista que La Vanguardia Digital le realizó al Dr. Mario Alonso Puig 
quien es Médico Especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo,
Fellow de la Harvard University Medical School y
miembro de la New York Academy of Sciences y
de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. 

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. "Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando". Hay que entrenar esa mente…

- Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión? 

Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria. 

- ¿Psiconeuroinmunobiología? 

Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos. 

- ¿De qué se trata? 

Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal. 

- ¿Qué tipo de cambios? 

Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas. 

- ¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios? 

Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios. 

- ¿Cambiar la mente a través del cuerpo? 

Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental. 

- ¿Dice que no hay que ser razonable? 

Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el por qué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando. 

- Exagera. 

Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad. 

- Más recursos... 

La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades. 

- ¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras? 

Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metafórica. Ahora sabemos que es literal: "Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro". 

-¿Seguro que no exagera? 

No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos. 

- ¿Hablamos de filosofía o de ciencia? 

Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%. 

- ¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas? 

Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia. 

- ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? 

El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona. 

- La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente. 

Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente. 

- Deme alguna pista. 

Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos "voy a hacer esto" y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia. 

- Ver lo que hay y aceptarlo. 

Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.